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Votar es simple, contar es otra historia

Las elecciones provinciales en Misiones, una vez más, ofrecieron un ejemplo casi de manual de cómo la ley de lemas puede torcer la lectura directa del voto popular.

Votar es simple, contar es otra historia

Las elecciones provinciales en Misiones, una vez más, ofrecieron un ejemplo casi de manual de cómo la ley de lemas puede torcer la lectura directa del voto popular.

El Frente Renovador de la Concordia retuvo su hegemonía, y lo hizo con una estrategia pulida: presentar una gran cantidad de sublemas que terminan funcionando como redes de arrastre. No se trata de ganar por ser el más votado, sino por ser el que mejor sabe sumar dentro del sistema.

El caso de Oberá lo ilustra de manera clara. Allí el oficialismo una vez más se quedó con la defensoría, pero no fue su candidato el más votado individualmente. Gracias al sistema de lemas, se impuso por acumulación. La lista ganadora, dentro del lema del oficialismo, tenía menos votos que la de la oposición, pero como el lema completo fue el más votado, el triunfo fue para el oficialismo. Desde una mirada técnica, es completamente válido; desde la óptica ciudadana, no deja de generar una sensación de contradicción entre lo que se ve y lo que efectivamente se decide.

Este tipo de resultados no son exclusivos de Misiones, pero en esta provincia el uso de la ley de lemas está tan naturalizado que ya casi no sorprende. Como diría el politólogo Andrés Malamud, “los sistemas electorales son como las reglas del juego: no garantizan justicia, garantizan resultados previsibles para quienes saben jugarlos”. Y en Misiones, el oficialismo juega con maestría.

La oposición, por su parte, pareció carecer de una estrategia integral para enfrentar ese entramado. Mientras el FRC dispersa su oferta electoral para captar distintas sensibilidades, la oposición apuesta a candidaturas más concentradas, que pueden ser más visibles, pero menos eficaces dentro de esta lógica.

El resultado global confirma la continuidad política, pero también invita a repensar si el sistema electoral refleja lo que la ciudadanía vota o simplemente administra lo que los partidos negocian. No hay escándalo, pero sí hay distancia. Una elección sin grandes sorpresas, pero con señales claras para quien quiera ver más allá de los números.

Politólogo: Joaquin Jaquet

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